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Carlos Darío Albornoz nació en 1956 en Tucumán, Argentina.
Empecé en la fotografía a los 13 años, en el Foto Club Tucumán, que tenía su sede al frente de la Casa Histórica por la calle Congreso.
Allí enseñaban fotografía y mi padre me prestaba su Rolleiflex.
Pasaron varios años lejos de la fotografía pero ya grande y trabajando en otra cosa volví a la fotografía y me dediqué a ella como una profesión.
Primero en la Universidad y luego en el CONICET como fotógrafo en campañas arqueológicas y todo lo relacionado con la arqueología.
Más adelante en la conservación de fotografías, investigando la historia y actualmente en la docencia y la publicidad además de seguir en la ciencia como siempre.
En cuanto a la fotografía como medio de expresión, siempre estuve realizando mi obra en blanco y negro.
Actualmente continúo pero procesando parte de mi obra en procesos antiguos y en digital.
Plantearse la dicotomía procesos antiguos - procesos actuales en fotografía, es solamente una discusión que pretendería sobre valorar a una de las dos maneras de encarar la fotografía como un modo de expresión o la búsqueda de una estética particular y personal.
Por lo tanto, no pretendo de ningún modo encarar esto desde esa perspectiva.
Mi trabajo en la fotografía me ha llevado a conocer una amplia gama de modos de realizar la captura y luego el tiraje de la copia final de una imagen.
Realizo tanto daguerrotipos como fotografías digitales y una variedad de procesos de copia.
Con cada uno de los procesos siento una enorme comodidad.
Entiendo que la técnica puede ser liberadora, lo expresivo es en definitiva una combinación entre lo técnico y lo creativo, por lo tanto profundizar la técnica me libera y me permite hacer cada toma conociendo de antemano las posibilidades que me brinda cada material, cada artefacto o cada proceso con el que realizo la fotografía.
Haber elegido aquellos procesos históricos fue producto de mi trabajo en la conservación de fotografías.
Soy presidente de una Fundación que dedica su esfuerzo a la conservación y archivo de fotografías antiguas.
A partir de ese trabajo me interesé en técnicas antiguas, suponiendo que su conocimiento técnico me permitiría realizar mucho mejor mi trabajo de conservación (lo que resultó ser cierto).
Bastó un viaje a Francia para conocer más de conservación y procesos antiguos, para que me prendara de esas técnicas, sus posibilidades y sus tiempos.
Y en eso radica gran parte de mi elección.
Debemos tener en cuenta que tener control de casi la totalidad del proceso de obtención de una imagen es emocionante.
Esa es la respuesta, tener la capacidad de elegir desde el principio, desde la toma, ya que desde el negativo cuando se trata de copias, así como el positivo directo (daguerrotipo), el cuidado en la toma debe ser extremo.
Lo que se obtiene como encuadre, iluminación, pose, etc. se va a reflejar en la imagen que se obtiene.
Por otro lado el tiempo.
Trabajar con los procesos actuales, negativo positivo analógico o digital, implica una gran velocidad de trabajo y de procesamiento.
En cambio con los procesos antiguos y "las copias nobles" como se denominaba a los procesos de la etapa pictorialista como la goma bicromatada, el kalitipo, etc. o el caso del daguerrotipo, que es un positivo de cámara, único e irrepetible, el tiempo de ejecución es bastante largo.
Un daguerrotipo lleva varias horas de preparación y es bastante costoso y por ejemplo la goma bicromatada, al ser un proceso de capa sobre capa, puede llevar varios días, hasta una semana en algunos casos.
Entenderá el lector entonces que estamos hablando de diferentes concepciones del tiempo.
Yo comparo a esto con manejar un auto o un caballo.
Son velocidades diferentes, placeres diferentes, sensaciones diferentes... o han pensado lo que sería manejar un automóvil en una ruta mientras se mira el paisaje, ¿cuál sería el resultado? |
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